Mucho más sobre Eduardo Pérez-Rasilla

Describe tu Máster Class en 5 palabras
Disociación entre emisor y palabra.
Una cosa que amas del teatro
El compromiso del actor (vale del bailarín, performer, actuante…).
Una cosa que amas menos del teatro
Su propensión a la falta de profesionalidad en demasiadas ocasiones.

¿Crees que, realmente, la vida post-covid 19 cambiará?
Me resulta difícil hacer pronósticos sobre esta cuestión.  Ninguno habíamos vivido una pandemia como esta, al menos en lo que de manera un tanto eufemística llamamos Occidente. No tenemos memoria directa de una situación semejante, solo referencias históricas. Es más, ni siquiera hemos apurado todavía la experiencia de este episodio, que sigue activo y que genera, aún hoy, una enorme incertidumbre.  Entiendo que la pandemia y sus consecuencias cambiarán necesariamente determinadas estructuras económicas, sociales y políticas y también nuestra manera de ver el mundo. Muchos esperamos y deseamos que esta crisis nos ayude a construir una sociedad mejor, más equitativa, más justa, más solidaria y más libre. Pero no creo que debamos ser ingenuos. Las señales que se perciben no apuntan precisamente a la consecución un mundo mejor. Aunque somos testigos de actos de solidaridad ejemplares en tantos sitios, también hemos comprobado la histeria y el egoísmo feroz de los privilegiados, secundados muchas veces, de manera estúpida y fetichista, por sectores sociales a los que las clases privilegiadas desprecian abiertamente. Además, me da la sensación de un exceso de capricho o hasta de infantilismo en muchas actitudes y reacciones; de una cierta falta de entereza o de autodominio. Todos sentimos una cierta frustración, desde luego, pero no sé si esta circunstancia nos está impidiendo un análisis más sosegado y más lúcido. Por otro lado, me preocupan algunas señales inquietantes que tiene que ver con la asunción de la pérdida de libertades y con una aceptación indiscutida, incluso feliz, de formas de control y de vigilancia. Me preocupa mucho que esta situación excepcional, muy excepcional, pueda prolongarse en el tiempo e integrarse en una cierta normalidad. Y me preocupa mucho también que esa pandemia apuntale una tendencia que vivimos (sufrimos más bien) desde hace ya un tiempo: la neutralización o incluso la negación del cuerpo. Me inquieta el entusiasmo con que muchos proclaman el advenimiento del teletrabajo, como si fuera una suerte de bendición, cuando supone el ocultamiento de la corporalidad, el confinamiento, la asepsia absoluta en la relación social. Me produce un enorme desasosiego la mascarilla, que oculta el rostro, lo niega, y que además se erige como prohibición de la relación corporal, afectiva, e incluso como barrera para el lenguaje. O la segmentación (segregación más bien) por edades o por condiciones de salud o de productividad. No quiero adoptar una actitud pesimista, ni parecer una suerte de heraldo de la distopía, desde luego, pero tampoco me gusta la sumisión. Creo que, además, y particularmente en este territorio, la escena (el teatro y la danza) tiene mucho que decir.

Una foto o imagen del lugar en el que realmente te gustaría trabajar

En tu Máster Class hablarás sobre el lugar de la palabra en el teatro contemporáneo, pero ¿cuál es el lugar de la palabra en la vida actual?
El lugar de la palabra, en el teatro y en la sociedad, constituye en mi opinión uno de los principales debates éticos y político que debemos afrontar. De ahí mi interés por la investigación sobre su uso que se está llevando a cabo en la escena, que aporta una ejemplar forma de rebeldía y de resistencia, y también de rigor intelectual y de honradez, frente a la usurpación y depauperación de la palabra por parte de los poderes dominantes y de los pomposamente denominados medios de comunicación, que trabajan vergonzosa y exclusivamente a su servicio, pese a que se les llene la boca con proclamas de libertad de expresión (¡qué desfachatez!) y pese a que reivindiquen el derecho a la información, que, según José Luis Pardo, es el más pintoresco de los derechos. Asistimos a una colonización y a una banalización de la palabra en el ámbito de lo público. Ya Heiner Müller habló de la “cháchara precocinada”.

Recomiéndanos algo que te haya cambiado en profundidad (libro, película, obra de arte, lugar…)
Son muchos los libros, los viajes, la música, el teatro (también alguna película, aunque en menor medida) que me han impresionado y me han cambiado. Y, por supuesto, la relación con algunas personas. En las preguntas siguientes hago alguna referencia a creadores escénicos que han marcado mi trayectoria profesional y personal. En lo que a los libros se refiere, me parece muy sugestiva la obra de Agamben. Podría mencionar, por ejemplo, algunas breves compilaciones de ensayos, como ¿Qué es un dispositivo?, Profanaciones o Desnudez. Me ha impresionado también la lectura del libro de Paolo Virno: Cuando el verbo se hace carne.  En la filosofía española actual, la obra de Antonio Valdecantos, por ejemplo, El saldo del espíritu o La excepción permanente. En el territorio de la narrativa actual, me atrae especialmente la novela de John Banville. Y en el ámbito de la literatura española, me ha estimulado siempre la lectura del tristemente desparecido Rafael Chirbes o la escritura muy viva de Belén Gopegui. Los dos ejemplifican formas de compromiso político y social que son irrenunciables hoy. Y entre la literatura española en América, me parece imprescindible Ricardo Piglia: sus ensayos o su Blanco nocturno me parecen deliciosos. Y en el teatro desde hace ya tres décadas me impresiona muy especialmente lo que hace Rodrigo García. Su escritura me parece muy poderosa.

¿Qué libro hay que leerse antes de ir a tu Máster Class?
Ciertamente no es obligado leer ninguno, claro, pero sugeriría un libro reciente del filósofo Antonio Valdecantos: Signos de contrabando. O un libro de Agamben, El lenguaje y la muerte. Y, en el ámbito específico de la creación teatral, un clásico: las obras cortas de Beckett (La última cinta de Krapp, Aliento, Impromptu de Ohio, No yo…)
Manías o rutinas que tienes cuando escribes o creas.
Cuando leo, estudio o escribo, lo hago siempre con música. Y soporto mal el ruido (es una manía, desde luego).
¿Cuáles son tus referentes teatrales?
Son muchos. Me interesan estilos teatrales muy diferentes. La tragedia griega en primer lugar: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Son insondables e inagotables. Nunca salgo de ellos (no soy muy original en esto). En la tradición clásica española, la fuerza desgarrada e impúdica de La Celestina, la profundidad evocadora del teatro de Calderón y el prodigioso esfuerzo de lenguaje y la libertad de Valle-Inclán. En el siglo XX, Brecht y Beckett. Beckett marca el punto de inflexión Y entre los más próximos, me admira el magisterio teórico-práctico de Sanchis Sinisterra y me fascina (literalmente) la trayectoria de creadores como Rodrigo García (yo creo que ha cambiado la escena española), La Ribot, Elena Córdoba, Angélica Liddell, Matarile, Sara Molina, Carmen Werner, Daniel Abreu… y también creadores más jóvenes, como Antonio Rojano, Lola Blasco, Lucía Carballal, Minke Wang, La tristura, Pablo Fidalgo, La phármako, Lali Ayguadé… La danza contemporánea me interesa cada vez más.

¿Cuál crees que es el máximo valor del intercambio generacional en las profesiones culturales y creativas?
Me voy a referir fundamentalmente al territorio escénico. Creo que el máximo valor es precisamente el intercambio generacional, que, a mi modo de ver, se está produciendo de manera fecunda desde hace ya algunas décadas, pero que se ha ido intensificando progresivamente. Un intercambio que afecta a las generaciones jóvenes, que aprenden de sus mayores, y a las generaciones maduras, que tienen la inteligencia y la humildad de aprender de los jóvenes. Como espectador, como estudioso y como profesor, me enorgullezco de haber aprendido de quienes me precedieron, pero sobre todo me da mucha alegría constatar que aprendo mucho de las generaciones más jóvenes, incluso de las muy jóvenes. Es muy gozoso y muy estimulante. Por otro lado, las generaciones más jóvenes están aportando de manera natural la deseada paridad entre creadoras y creadores.

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